sábado, 29 de noviembre de 2014

Fantasías férreas



Transita el mundo
por el cristal de mi ventana,
más deprisa cuanto más cercano
y el horizonte casi extático:
viajo en tren.

Disfruto del suave interregno de tiempo
que es este estar viajando,
fuera del alcance de la tiranía
del turbio oleaje de llegadas y salidas.

El último rayo de sol me hace cerrar los ojos
colmados de paisaje y, en pleno transcurrir
del traqueteo metálico, me sustraigo del mundo
para imaginar que viajo en una locomotora 
perdida en la jurisdicción del vasto cosmos, 
sorteando estrellas y planetas.

Al abrir los ojos, la negrura
ya está instalada en el cristal y me cuesta 
rehacer las conexiones con la realidad.
Luces que parecen siderales resplandecen
imprecisas en el agujero de la noche.

La desaceleración del tren ilumina
la entrada a una estación fantasma,
que me sume en nuevas fantasías…