martes, 11 de noviembre de 2014

Mundo deshabitado



Tomando un café
en una noche tan fría como ésta,
en algún bar desangelado y sombrío,
uno ve a tantos solos
haciéndose compañía…
           Tal vez,
porque las soledades de bar
se lleven mejor
que los silencios de casa vacía.

Y yo, en mi casa vacía,
para estar más solo,
apago la luz y los ruidos;
porque no hay compañía que enmascare
la inmensa soledad de vivir
entre ciudades y paisajes, 
entre soledad de multitudes 
y soledad de soledades.