viernes, 24 de abril de 2015

El verbo del vacío



Cuando sea el silencio el que perturbe al sonido,
entonces, sólo entonces,
habremos de saber
                         y de quedar atrapados
entre los pliegues de su mutismo.

Atrincherados siempre tras nuestras palabras,
llevamos siglos sin escuchar el silencio,
a pesar de que algunas voces ya nos advertían
de que la verdad sólo habita en él,
que no dice nada y lo dice todo.

Saldrá puro, pleno, el sol que deja ciego.
¿Y qué será de nosotros? Las horas
nos irán enseñando el verbo del vacío;
claudicará la razón, abrumada
por la vastedad de lo ignorado,
y no encontraremos grietas en el desaliento:
todo esfuerzo será baldío.

¿Cómo explicaremos lo inexplicable?
¿Qué responderemos a las preguntas sin respuesta?
¿Acaso podrá haber consuelo
en el solo asidero del humo que es la fe,
en la insensatez de su incertidumbre?

Ni siquiera esta voz que os habla
(la voz menos necia de entre mis voces),
consciente de todo esto,
no podrá evitar, aun así,
la sorpresa inevitable del dolor.