martes, 5 de julio de 2016

Ráfaga



Todo está parado, desalentado y seco,
bajo el sol taxidermista de las tres de la tarde;
los comercios cerrados, las calles vacías,
coaguladas las horas, la ciudad crepita.
A la sombra de la lectura, al cobijo
de un libro, espero que pase la tarde.
Y la tarde, aunque larga, pasa.
Porque todo pasa, transitorio, temporal.
Lo oscuro va extendiendo su mano,
poco a poco, sobre la luz que ardía.
Una ráfaga de aire, providencial,
entra como una mariposa por la ventana:
me abanica, me despierta, me hace sobrevivir
a la agonía.