sábado, 29 de noviembre de 2014

Fantasías férreas



Transita el mundo
por el cristal de mi ventana,
más deprisa cuanto más cercano
y el horizonte casi extático:
viajo en tren.

Disfruto del suave interregno de tiempo
que es este estar viajando,
fuera del alcance de la tiranía
del turbio oleaje de llegadas y salidas.

El último rayo de sol me hace cerrar los ojos
colmados de paisaje y, en pleno transcurrir
del traqueteo metálico, me sustraigo del mundo
para imaginar que viajo en una locomotora 
perdida en la jurisdicción del vasto cosmos, 
sorteando estrellas y planetas.

Al abrir los ojos, la negrura
ya está instalada en el cristal y me cuesta 
rehacer las conexiones con la realidad.
Luces que parecen siderales resplandecen
imprecisas en el agujero de la noche.

La desaceleración del tren ilumina
la entrada a una estación fantasma,
que me sume en nuevas fantasías…

sábado, 22 de noviembre de 2014

Mi voz indígena



Contra la asechanza de la rutina, me resguardo
en el aura de mis ideas, al abrigo de mi pensamiento:
mi voz indígena. Buscando alumbrarme 
con luz propia, ser un cómplice para mí, me cobijo,
en la plena noche, en el cuarto luminoso de mi imaginación, 
resplandor que desmantela el escenario de lo cotidiano
e inflama el decorado de mi fantasía.

Camino hasta los confines de mi talento,
tanteando versos que expresen más de lo que dicen;
con mis labios inmóviles, las palabras
penden de los arrebatos de la pluma...
De repente una brisa de inspiración
abanica de sugerencias mi mente, 
que comienza a respirar un manantial creativo
que desemboca en una espiral de versos
negligentes, flamígeros, trazados con la incuria
de la excitación; ideas siempre latentes 
que sedimentan ahora.

Y lo escrito queda todo para mí,
todo para ti, que oyes mi voz callada,
mi verbo hecho desde el silencio:
me colman tus ojos al pasar
por el contenido de mis palabras,
que penetran tu vida a través de la mía
estableciendo lazos de inteligencia
en una simbiosis hecha de letras.

martes, 18 de noviembre de 2014

Todo es crepúsculo



Un mar tempestuoso zarandea sin lástima
un barco de juguete
atrapado en su mar de olas.
El barco de juguete soy yo,
que bogo en pos de mi naufragio.
Ayer es el puerto desde el que zarpé
y a dónde voy yo no lo sé:
es el mío un navegar sin rumbo,
porque no hay singladura posible
para alcanzar el horizonte inaccesible
que hay dentro de mí.

Desear tanto sin saber qué desear…
Sentirlo todo y no estar lo sentido
en las palabras…, caudal de sensaciones
que se desborda, vida que se extingue
dentro de su propia llama.

Mientras cavilo estas ideas estériles,
veo cómo las sombras crecen
(atardece el día y los días…),
y voy pensando que siempre es crepúsculo,
que todo es crepúsculo,
y siento un frío en las palabras,
              que me tiemblan,
                       ateridas…

sábado, 15 de noviembre de 2014

Verdad sin enmienda



Viajo en solitario
al pueblecito de mar de mi infancia.
Es agosto en esta playa de verano
en que la luna tiñe el mar de plata
y refulgen las sonrisas de la gente
que pasea distendida
                     en sus días de descanso.

Es extraño:
es el mismo mar, la misma playa,
que hace tantos años me ofrecían
su reino de solaz y de alegría.
Qué lejos ha quedado aquel tiempo
en que nos bañábamos, desafiantes,
en la plena noche del mar,
compitiendo en valor, sintiéndonos dueños
del mundo y de la vida.
Qué lejos todo aquello y todos aquellos amigos
de los que no supe nada más.

Hoy, sentado en esta terraza con vistas al pasado, 
tengo el miedo impreciso de que las horas
sigan derramándose con la resolución e impiedad
con que lo han hecho hasta ahora.
Sé que es imposible que el tiempo se estanque
y no avancen los años que me harán viejo.
Lo sé, y qué desasosiego causa
esta verdad tan sin enmienda.

martes, 11 de noviembre de 2014

Mundo deshabitado



Tomando un café
en una noche tan fría como ésta,
en algún bar desangelado y sombrío,
uno ve a tantos solos
haciéndose compañía…
           Tal vez,
porque las soledades de bar
se lleven mejor
que los silencios de casa vacía.

Y yo, en mi casa vacía,
para estar más solo,
apago la luz y los ruidos;
porque no hay compañía que enmascare
la inmensa soledad de vivir
entre ciudades y paisajes, 
entre soledad de multitudes 
y soledad de soledades.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Palabras de lo inconfensable



Siempre que hablo me equivoco,
porque nunca hay correspondencia
entre lo que pienso y lo que digo.
Si hablo, miento;
si callo, me digo la verdad,
porque sólo soy dueño de las palabras
cuando no las pronuncio,
y se hacinan cada vez más las palabras
que no quiero decir.

Por eso voy y apago la luz y los ruidos. 
Demasiados ruidos, demasiadas luces
alumbrando con luz falsa…
Cierro las ventanas al mundo
y me doy el privilegio de serlo todo para mí.
Dejo fuera incluso el recipiente
en que me contengo, para sólo pensarme,
y, permaneciendo a la escucha del tiempo,
de lo que dice y de lo que digo,
poder gritarme las palabras de lo inconfesable:
que mi alma es una muchacha que camina descalza
por la orilla de una playa de otoño
y que mira al infinito desde su soledad
infinitamente sola.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Nostalgias



En mi deambular por no sé qué avenidas del tiempo,
tropiezo con los restos de un contenedor volcado.
En el suelo, una muñeca desnuda y desastrada,
y yo no sé qué manos, qué manos chiquitas,
la habrán peinado y mimado.

Tantos trenes que no voy a coger
a ciudades que no visitaré…
Los viajeros de esos trenes,
los paseantes de esas calles,
son tan reales que existen de verdad;
para mí, sólo espectros de la imaginación.

Y saber que hoy me crucé contigo, desconocido,
y que te he visto por primera y última vez:
una mirada, apenas, que rozó mi vida,
estrella fugaz en la noche de mis días.

Duele, duele ver la vida pasar,
verla alejarse como un buque entre la niebla,
sentir la herida irreparable
de cada instante ido,
de esta vida tenue, endeble,
como notas escritas en papel de servilleta,
como estas notas escritas:
nostalgias habitando
mi consciencia de estar vivo.

martes, 4 de noviembre de 2014

Despedida



Llegado uno a determinadas cotas de la vida,
debe hacer balance
y decir adiós a algunas cosas; 
a veces a todas, incluso.
Y aunque no es tarea fácil
desgajarse de un plumazo
de todo cuanto fue nuestra vida, 
a medida que nos alejamos de ella, 
vamos dándonos cuenta
de lo ciegos que estuvimos tantos años, 
sin ver la verdad que en verdad había.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Fondo de vida difuminado


Soy, más que todo aquello que he sido,
todo aquello que no he sido.
Soy, también, pensamientos que no tengo,
emociones que me faltan.

Echo raíces en terrenos yermos,
a sabiendas de que allí nada crece.
Porque mi vida consiste en ver
cómo se me escapa la vida,
puñado de arena entre las manos.

Manera tímida de vivir, ésta:
pensar la vida, soñar la vida,
querer vivirla
                    pero sólo de noche,
al soñar asomado a la ventana.
De día sólo quiero que llegue la noche
para querer vivir la vida
al soñar asomado a la ventana.

Nostalgia de todo lo no vivido,
nostalgia de todo lo que no viviré.
Las cosas apenas son
                                   y ya han desaparecido.
Tantas caras, tantos lugares,
fugaces, apenas entrevistos…
Cada día es una vieja estación abandonada
en la que el tren no para, tan sólo estas líneas
que escribo y que se van desvaneciendo:
retazos, jirones de ideas apenas evocadas.

Palabras escritas
sobre un fondo de vida difuminado.