miércoles, 19 de septiembre de 2018

Sinrazón



Ahí vamos, dando vueltas por el planeta:
vidas evanescentes que se cruzan con la nuestra
por puro azar y luego se marchan
a saber dónde. A veces se quedan
con nosotros un tiempo que no dura,
compartiendo noches de cielo perfecto
en que las estrellas son impertinentes
en la manera en que insinúan nuestra insignificancia,
la inanidad que somos. Pero,
¿acaso no son ellas mismas fugaces, no deambulan,
como nosotros, bajo el mismo magisterio de sinsentido
por los confines del universo sin fin?
 
 

martes, 11 de septiembre de 2018

Soñábamos



En realidad, nunca estuvimos como nunca,
aunque todo era tan ligero que parecía sólido.
Pero quizás, porque nos divertíamos demasiado,
no nos divertíamos tanto como pensábamos.
Queríamos ser felices a toda costa,
a veces incluso a costa de nuestra felicidad.
Corríamos como pretendiendo anticiparnos
al tiempo que iba a echársenos encima,
mas sin llegar a ningún lado, atrapados
en el deseo imposible de aquello que se escapaba.
Soñábamos, eso era todo.
  

martes, 4 de septiembre de 2018

El mundo después de su fin



A mi amiga Silvia.

Al principio basta con comenzar,
luego ya las cosas se complican.
Los pájaros se marchan, las calles
por las que paseabas se niegan a reconocerte,
nada te reclama, ningún destino
al que someterte. La tierra,
como si la vida fuera un sueño que no te perteneciera,
parece haber ido tragando tus pies,
tus rodillas, hasta el tronco;
y te agarras precisamente a eso, a la caída.
Y cuando dabas por hecho que serías engullido
totalmente, el hundimiento se detiene;
entonces compruebas, no sabes si feliz o desgraciado,
o feliz y desgraciado, que aún vives,
que todavía puedes ver, oler, oír, sentir,
como si el fin del mundo hubiese ocurrido
y luego el mundo hubiera continuado,
y tú con él, igual que un enfermo
que agoniza y agoniza, incapaz de morir.
  

lunes, 27 de agosto de 2018

Pájaros en mi cabeza



Creo que parte de mi amor a la vida
se lo debo a mi amor a los libros.
Adolfo Bioy casares.

Me gusta salir a pasear y, sobre todo,
salir a pasear por calles que no conozco,
como si fuera un extranjero en mi propia ciudad.
Me gusta salir a pasear por calles desconocidas
y, completamente perdido, encontrar
de repente, a la vuelta de cualquier esquina
de cualquier calle vieja del centro,
una librería igual de vieja que su calle
e, igual que ella, fabulosamente caótica,
llena de volúmenes antiguos, de libros de segunda mano
desparramados por todas partes:
por las estanterías, por el suelo,
agrupados muchos de ellos unos sobre otros
como torres de Pisa a punto de derrumbarse.
Me gusta pasear entre libros y, sobre todo,
entre libros que no conozco,
como si fuera un explorador en una jungla literaria.
Me gusta pasear entre libros desconocidos
y, completamente perdido, encontrar
de repente, a la vuelta de una pila de ellos,
un ejemplar que llama mi atención, por puro instinto,
entre aquella espesura de libros olvidados.
Entonces, regreso a casa contento,
anhelante por la expectativa.
Allí me acomodo en el silencio
que, poco a poco, se va llenando de palabras,
de bandadas de palabras como pájaros en mi cabeza.
 
 

viernes, 17 de agosto de 2018

Pase lo que pase, todo pasa



Quien ha vivido sabe que existe la tormenta,
que las tempestades aguardan
allá a lo lejos, tan cerca...
Somos felices peligrosamente:
la calma, como paraíso, también acaba,
porque no es tanto un lugar como una franja de tiempo.
Por eso, un día cambia de repente la luz
y el viento trae la sombra de nubes espesas.
En un instante, todo se oscurece
de esa forma incomprensible como nos sorprende
lo inevitable y ya sabido.
Quien ha vivido conoce, sin embargo,
que la tormenta es transitoria, perecedera,
y que el sol termina por colarse entre las grietas de la lluvia
igual que flor entre unas ruinas;
luego se hace tan grande que parece de nuevo jardín,
otra vez paraíso precario, amenazado.
Quien ha vivido sabe que es así
como se fraguan los días: esperando
que pase lo que tiene que pasar
y luego pasa, sin quedarse.

sábado, 11 de agosto de 2018

Porque nada termina



Poema en memoria de mi abuelo Miguel,
con la colaboración de mi padre Virgilio.

Ser joven otra vez, ¿te imaginas, abuelo?
Vivir la vida de nuevo, volver a nacer
del amor de Mariano y Andrea
en aquel pequeño pueblo de Palencia:
Itero Seco. Ha llovido mucho
desde aquel 5 de julio de 1918;
apenas un suspiro, me dirás tú.
Haz un último esfuerzo en la memoria:
¿te recuerdas corriendo en la niñez
por los campos de Castrillo de Villavega?
Qué lejos ha quedado aquel tiempo
que no fue todo solaz y alegría,
pues a los 12 años ya viste fallecer a tu padre.
Con qué resolución e impiedad se han derramado las horas,
por mucho que parezca ayer
cuando te llevaron a la guerra;
una contienda que se llevó a uno de tus hermanos.
Tomaste parte en diversos frentes
y recorriste tantos lugares en ella…:
en Asturias, Villaviciosa y Cangas de Onís;
en Vizcaya, Orduña; en Aragón, Jaca;
Tremp, Sort y Gerri de la Sal en Cataluña.
¡Hasta dormiste en la nieve!
Saliste, pese a todo, indemne;
además, con dos medallas al mérito y al valor.
Pero tú no fuiste un héroe de guerra,
sino un adalid de la paz, del amor a tu esposa:
Catalina, que engendró en Villameriel, su pueblo,
a vuestros dos hijos, frutos de vuestra unión.
Quisiste siempre lo mejor para ellos,
regalándoles la riqueza incontable del cariño de un padre.
Sufragaste, incluso, su vida con la tuya,
inasequible al desaliento, buscando empleo
donde hiciera falta: en Villadiezma (todavía en Palencia),
Muriedas de Camargo (Cantabria) y recalando en Madrid,
ciudad que te ha visto morir.
Siempre pobre, con más penas que alegrías,
con estrechez, con una vida dura y difícil,
te ganaste el pan con diversos oficios:
obrero del campo, peón caminero, plantador de pinos,
obrero de fábrica, portero de finca u operario en un almacén de loza.
Tanto esfuerzo, tanto sacrificio, tanto desinterés por lo propio
y la siempre disposición hacia lo ajeno…
Formaste parte, por pura iniciativa, del grupo de los últimos,
de los del final de toda lista y con la modestia
más verdadera, por inherente a tu bella persona.
Sencillo, amable, familiar, trabajador, esposo fiel
y amante de tus hijos, guardaste devoción por San José Obrero,
tu modelo y patrón, bajo cuyo amparo afrontaste
las adversidades y contratiempos con serenidad y resignación.
Tu único vicio fue siempre estar presto a cualquier ayuda,
humilde y servicial; y eso sí, el tabaco
hasta los cuarenta y tantos años, ¿recuerdas?
Ahora que en tus venas ha bebido la muerte,
poco a poco, todo este acontecer desordenado de tu vida
va adquiriendo la rara consistencia indestructible
del sueño o la leyenda. Porque es preciso que todo
en apariencia acabe para que al fin comience.
Nada, abuelo, nada, se extingue con tu muerte.
Tras esa puerta oscura que atraviesas continúa el camino,
ya sin dudas ni riesgos, ya sin temores ni asechanzas.
Y aquí, donde el aire sigue moviendo los árboles
y continúa la vida terrena, los que te hemos querido
- en especial tu hijo Virgilio, que te amó más que nadie en el mundo –
guardaremos tus palabras y custodiaremos tus huellas,
alumbrados por tu luz, que ha de seguir,
porque nada termina, por siempre muy viva, pura y verdadera.

 

martes, 31 de julio de 2018

Alguien, muchos, quizás nadie



Me llaman Rodrigo, pero no conviene
conceder excesiva importancia a los nombres,
que acaban construyendo una identidad
que tal vez no exista o es demasiado sutil.
A mí la literatura me ayudó a superar
el contratiempo de ser alguien, con sus limitaciones
espirituales y espacio-temporales.
Convengo en que quizás sea Rodrigo,
pero también en ser muchos otros,
con la capacidad potencial con que un centro
puede desplegarse hacia tantos universos periféricos.
Escribo y ya no soy yo, sino el que escribe,
el que me lleva a un lugar otro, a un tiempo otro,
a una mente otra, ensanchando márgenes y horizontes.
Puedo encontrarme en invierno cuando estoy en verano,
tomar trenes en los que desfilan paisajes
desde la ventana de mi habitación,
pensar pensamientos que no son míos,
sentir sensaciones que yo no siento.
Mi voz, como la de un ventrílocuo,
se diluye y adopta una forma para cada poema,
una identidad distinta, aunque me llame Rodrigo,
quienquiera que sea Rodrigo, acaso nadie.

 

martes, 24 de julio de 2018

Regalo envenenado



Porque la fruición del verano trae la nostalgia
del otoño, el posible placer del estío
puede trocarse en la imposibilidad de gozarlo.
Y es que el sentimiento de alegría
está, curiosamente, muy cerca del de tristeza,
y tiende incluso a confundirse con él,
más cuanta más extrema sea su intensidad.
Son dos fuerzas, aunque contrapuestas,
unidas, como la cima y la sima.
Todo lo que la existencia tiene de bueno,
como un don gratuito ofrecido por un dios espléndido,
hace que su pérdida sea percibida
como una fatalidad inmerecida, igual de gratuita,
infligida por un dios retorcido.
Anthony Powell escribió que envejecer
es como ser penalizado por un crimen
que uno no ha cometido.
El regalo es en sí mismo un veneno:
la juventud enciende cuerpos que luego serán ceniza.

 

martes, 17 de julio de 2018

Muralla en ruinas



A veces, una verdad terrible
se oculta tras una verdad menor.
Y es que la vida está compuesta, mayoritariamente,
por espacios de tiempo en que nada sucede
y en que cualquier clase de miedo
no es más que un lejano temor.
Sobre ellos levantamos un baluarte de rutinas
con el fin de defendernos del azar hostil
y de sus sorpresas siniestras.
Nada más lejos de la realidad:
la aparente paz de los tiempos vulgares
guarda, sin que lo percibamos, una espoleta
que amenaza con dinamitarlo todo al más mínimo descuido.
Confiados, precisamente, por la calma falaz,
por la impostora tranquilidad, dejamos un día,
sin darnos cuenta, la puerta abierta,
por la que se cuela la peor de las desgracias
(la fatalidad no necesita más que una rendija
para asomarse a nuestra vida).
De repente, sin poder explicarnos cómo sucedió,
nos vemos contemplando, a nuestro alrededor,
las ruinas de la muralla tras la que nos escondíamos.

 

martes, 10 de julio de 2018

Mi amor



Cuando mi vida era un desierto a atravesar
sin agua y bajo un sol despiadado,
yo soñaba contigo, amor,
como la arena sueña con el oasis.
Porque no todo es espejismo,
el día que nos conocimos,
la aridez de los días desapareció
como si nunca hubiera existido,
como si siempre hubieras existido,
vergel donde encontré mi paz y mi destino:
abrazarte como se abrazan los versos
para componer un poema de amor.

 

martes, 3 de julio de 2018

Lo indecible



Paseas entre las cosas
y su aparente hermética condición de cosas
que callan y te ignoran;
pero, porque eres poeta,
cuentas con la fuerza de los presagios,
intuyendo el camuflaje de lo decisivo,
tan irreal es el mundo verdadero.
Y así, sobre la grisura en vela de la vida,
una llaga de luz rompe el tiempo indestructible
y colma en plenitud de clarividencia.
Porque tiene la fragilidad de las conquistas,
es un soplo eufórico sin duración,
pero con la intensidad de la más profunda belleza,
que tratas de reflejar en unos versos
como si lo indecible pudiera decirse en un poema.



martes, 26 de junio de 2018

Pasión por la locura



Como una antorcha
que acude a la llamada de las tinieblas,
la verdadera razón
nos invita a descubrir la carencia de sus fundamentos.
Llegados a ese punto,
sólo nos queda aferrarnos al absurdo,
celebrar con pasión, lúcidamente trágicos,
la inutilidad absoluta, la inconsistencia universal.
La revelación del sinsentido de la vida
provee de la intensidad con que sólo la locura
es capaz de desenvolverse en ella.
Es la extrema coherencia del absurdo:
únicamente merece la pena vivir
en la medida en que uno entiende que no merece la pena.


martes, 19 de junio de 2018

Está lloviendo desde siempre



Miro y la ventana es un espejo
velado por una lluvia pausada,
serena, sostenida; no hay tormenta.
Cae sobre el mundo, tenaz,
a lo ancho de los siglos,
tiempo quebrado de un reloj sin manecillas,
ancestral, monocorde.
La lluvia de ayer se confunde
con la del mañana en el presente.
Carente de futuro y de memoria,
el poema es un refugio
que no encuentra palabras;
el rumor de la lluvia, silencio
que ahoga la voz y apaga el fuego.
Todo pierde su brillo y su viveza
hasta convertirse en un borroso sueño.

 

martes, 12 de junio de 2018

Angustia



¿Qué extraña cosa es ésta
que comienza en un ángulo del pensamiento
y ya nunca te la puedes quitar de la cabeza?
¿El qué? No sabes. Su certidumbre
se sustenta en la sombra descomunal de lo invisible,
mientras va aumentando un rumor de fondo,
crecientemente ensordecedor,
cuyos tentáculos llegan a cualquier rincón de la mente.
Porque lo desconocido no se limita
a hallarse recluido en su propio reducto,
siempre etéreo, con la desproporción de lo intangible,
extiende su vacío, inoculando
una inquietud sin nombre, un frío
frente al que nada pueden hacer
el fuego de las chimeneas ni el espesor de los abrigos.


miércoles, 6 de junio de 2018

Vivo y muerto



Estás ahí, como ausente, vivo y muerto,
ajeno al bullicio del mundo y sus ridículas costumbres,
a las palabras hueras con que las gentes
todo lo argumentan, como si se pudiera tener razón.
Siguiendo no sabes bien qué raro impulso,
se cruzan en las calles con el desorden de la vitalidad,
como en un relato fantástico superpuesto a la realidad.
No conocen la verdad amarga y lúcida de la desesperanza.
Incluso, ríen; tú también has reído alguna vez,
para reírte de la risa: es la carcajada de la clarividencia,
la felicidad de lo terrible, de saber que cada día
es una puerta de entrada que sale al mismo lugar.
Por eso prefieres dejar pasar las horas,
que te hipnoticen con su mortandad.
Y, acaso, cuando la tarde cae y el sol yace derrotado
en el poniente, sales en busca del naufragio de la luz.

 

martes, 29 de mayo de 2018

Plegados



Cómo agota ir por la vida
persiguiendo cuanto queremos
y rechazando lo que nos disgusta,
sobre todo porque no hay destino
que se deje dominar, porque estamos sometidos
a la arbitrariedad de sus caprichos.
Construyendo ciertos diques,
enterramos también los tesoros
que esconden algunas miserias,
pues muchos malos momentos conspiran en secreto
para hacer mejores los buenos.
A veces, perderse es el camino
y, por el contrario, huir de las adversidades
nos hace caer en el centro de su remolino.
Más fácil que imponer nada a la realidad,
es dejarla que se exprese,
y entonces mirarla limpia, gratuitamente,
sin pretensiones, plegados a sus apetencias.
Porque lo peor es tan del mundo como lo mejor, 
y aceptarlo tal vez sea el único vehículo
para vivir en armonía con el propio mundo

y con nosotros mismos.



martes, 22 de mayo de 2018

Adquiere el libro Estar conmigo

Disponible en Amazon, tanto en formato físico (libro en papel) por 9,99 euros como en versión kindle (ebooks, tabletas, ordenadores y móviles) por 0,99 euros o gratis si estás suscrito a Kindleunlimited. Pulsa en la portada para comprarlo.




ESTAR CONMIGO

Con el libro entre las manos,
al cobijo que otorga el territorio de un poema,
velado por la música de su belleza,
mis ojos buscan, sostenidos y lentos,
esta manera de estar conmigo,
el torrente de luz que cae en las palabras
y pone mi vida a navegar.


martes, 15 de mayo de 2018

La belleza inmortal de lo fugaz



Hay quien, como una encarnación de la nada,
pierde las ganas de vivir
cuando descubre, aunque ya lo supiera,
que antes o después habrá de morir.
Pero no, no todo da igual,
a pesar de la sombra amenazante
de la muerte, y precisamente por ella.
No es que la vida no merezca la pena
porque existe la muerte,
es que la vida merece la pena
porque existe la muerte.
La caducidad de todo lo existente
cobra entonces la colosal intensidad
de lo que no durará para siempre,
la importancia gigantesca de lo efímero,
la belleza inmortal de lo fugaz.

 

miércoles, 9 de mayo de 2018

La vida: instrucciones de uso



La vida tiene unas sencillas instrucciones de uso:
o se está bien o se está mal,
sin medias tintas ni escala de grises;
o negro o blanco, en el abismo o en el cielo.
Cada dolor que sentimos
nos convierte en el dolor mismo.
Porque no hay drama que no sea tragedia,
una pequeña mejoría nos lleva
directamente a estar en la gloria.
Todo es sobrecogedor, apoteósico,
tanto lo bueno como lo malo.
La virtud está en el término medio
porque vivimos en el vicio de los extremos:
hogar o intemperie, risa o llanto,
silencio o melodía de canción con vistas al mar,
río alegre que fluye
o agua estancada que se pudre y huele mal.
Nunca está nublado:
todo es lluvia o sol.
No hay otoños ni primaveras,
sólo inviernos o veranos.

 

martes, 1 de mayo de 2018

El futuro: ese horizonte...



Avanzamos hacia el futuro
como hacia un horizonte que nunca alcanzamos.
Él nos espera paciente, pero nosotros no llegamos.
Nos llama desde su misterio
con la seducción del perfume de lo desconocido.
Una y otra vez lo perseguimos
y lo que encontramos nunca es su presencia,
que vuelve a estar allí, al fondo,
aguardando en la distancia. 

 

martes, 24 de abril de 2018

La vida va en serio



Y nos reíamos, nos reíamos con ganas, al principio.
Pero siempre es lo mismo. Sí, es como la historia amena
que nos cuentan con demasiada frecuencia,
la encontramos siempre amena, pero ya no reímos.
(Samuel Beckett, Final de partida)

Los hechos son claros, casi sencillos, rotundos.
Vivir es envejecer
y envejecer conlleva pérdidas y dolor.
No cabe otra posibilidad, no:
nuestra salud empeora
por muchos paliativos que empleemos.
Alguna vez, cuando éramos jóvenes,
creímos en la posibilidad de que todo fuera una broma;
por eso nos reíamos tanto al principio,
incluso entre carcajadas,
como quien aplaude una obra de ficción
en la que nosotros mismos fuéramos los personajes.
Pero la vida nada entiende de fantasías,
y mucho menos de bromas.
Que la vida va en serio
uno lo empieza a comprender más tarde,
cuando la verdad desagradable asoma
y cae en la cuenta de que envejecer y morir
es el único argumento de la obra
- como escribió Gil de Biedma -,
y que toda coincidencia con la realidad
es pura fatalidad.