miércoles, 26 de diciembre de 2018

La muerte de las palabras



Su vida ya eran sólo recuerdos
que se iban perdiendo.
Hasta que un día,
buscando en su memoria,
no logró encontrar ninguno.
Quiso pensar en el olvido,
pero ni siquiera esa palabra recordó.
Guardó silencio
como si supiera que eso era
precisamente el olvido.
 
 

martes, 18 de diciembre de 2018

Sueño azul



A mi amiga Mae.

Quizá no sean eternas,
pero hay realidades
que superan en belleza a los sueños.
(Truman Capote)

Sólo veía el mar y nada más
que el mar, y el cielo;
azul sobre azul, sólo azul.
Miraba y lo que miraba
le parecía más fantástico
que cualquiera de sus fantásticos sueños.
Aquella belleza sin vestimentas,
quizá la más simple y compleja de las bellezas,
detenía su vida en el instante:
el tiempo dejaba de ser
una medida, como si tuviese delante
la eternidad y se borrase
cualquier realidad más allá de la realidad
de su sueño perfecto y azul.
 

 

martes, 11 de diciembre de 2018

Escribiendo



Sólo escribo. Parece poco,
pero quizá es un proyecto revolucionario:
escribir sin finalidad,
sólo por el placer de escribir,
por el gusto de aprender a escribir
sin pretender conseguirlo nunca,
porque nunca se termina de aprender a escribir
tal y como nunca se termina de aprender a vivir:
se vive, y ya está; se vive sin objeto,
sólo por el placer de vivir,
por el gusto de aprender a vivir.
Por ejemplo, escribiendo…
 
 

lunes, 3 de diciembre de 2018

La vida en tu mirada



Pocas cosas
me hacen tan feliz
como mirarte
y verte sonreír.
Pocas cosas
me entristecen tanto
como mirarte
y verte llorar.
Todas las ganas de vivir
y el desamparo de hacerlo
asoman a tus ojos,
que me miran,
interrogándome,
preguntándome por qué
la vida es así.
 
 

martes, 27 de noviembre de 2018

Sombras en la pared



Cuando todo merodeaba por delante
y el futuro aún estaba en el horizonte,
yo ya recordaba algunas cosas
que nunca me sucederían,
aquellas pasiones que sólo existían en mi deseo.
Fui llenando los días de espejismos
como sombras chinescas
que ahora la tarde proyecta en la pared
mientras mi vida se acaba
sin ninguna sorpresa, ni siquiera tragedia,
en un apocalipsis silencioso e invisible.
 
 

martes, 20 de noviembre de 2018

Mirar el mar



Tiempo inmóvil en el interior de mis ojos,
que en el azul detienen el mundo
mientras mi mano escribe el poema.
Muchas otras veces miré el mar,
pero sin entenderlo demasiado,
quizás porque exigía una atención
de la que yo no era capaz en aquel momento.
No lo miré como debía, pero
siguió conmigo como una promesa seductora
que me faltaba aprender a leer.
Ahora recorro su superficie
buceando en sus profundidades,
porque todo en él permanece oculto,
como el significado verdadero de un verdadero poema
que es posible adivinar o intuir
sin lograr nunca una certeza:
en su simplicidad misteriosa se cifra, quizás,
el misterio del universo entero.
 

 

martes, 13 de noviembre de 2018

Destino sin condena



Leña seca para quemar, caballo viejo para cabalgar,
vino añejo para beber, amigos ancianos para conversar
y libros antiguos para leer. Alfonso V de Aragón.

Un calendario de no sé qué año
cuelga de estas paredes antiguas.
No importa no saberlo:
el tiempo, que antecede y ha de continuar
tras el fin del hombre, no nos pertenece.
Su fluir es irreparable; pero,
por irreparable, no angustioso,
un suceder no trágico de la tragedia.
Dejar de temerlo es comenzar a gozar la libertad.
A mí nadie me enseñó a hacerlo,
a esperar sin esperar a la vez nada;
de pronto, supe. Supe ser olvido de mí,
ser como si no fuera, como si no fuera
más que voluntad de disolución,
de pertenencia al mundo, de arraigo en nada.
Me empequeñezco y es placentero
sentir la merma de mi equipaje vital.
Es en la desnudez donde se refugia
nuestro latido más íntimo, todo un canto
alegórico de lo universal: ser destino
y no ser el destino una condena.
   

martes, 6 de noviembre de 2018

La cama como forma de vida



 El pensamiento es eterno, como el alma, 
y la acción es mortal, como el cuerpo.
Gustave Flaubert.

Hay días en los que a la vida sólo le pedirías
aburrirte un poco, nada más.
Ni siquiera ser feliz. Sólo un aburrimiento
que te resarza de las constantes y peligrosas novedades,
del ir de aquí para allá
como buscando el sentido de la existencia
en el espejismo de hacer cosas,
sin tiempo para pensarla y trascenderla.
¿Y dónde mejor que desde el colchón de la cama?
Juan Carlos Onetti, del que su viuda
llegó a decir que “estaba más vivo en ella
que mucha gente de pie y a pie”,
ya nos advertía que fuera de nosotros no hay nada.
Por eso él decidió quedarse a vivir en su cama,
haciendo del aburrimiento una gran fiesta.



domingo, 28 de octubre de 2018

Silencios



El silencio del que sabe la verdad
            pero prefiere no enunciarla;
            el del que escucha
            para mejor decir después;
            el del que calla
            por mucho que por fuera esté hablando,
            porque calla para sí.

El silencio de los enamorados,
            que utilizan las palabras de la mirada,
            de las manos, de la sonrisa;
            el de un matrimonio consumido
            por los años de rutina;
            el de la ausencia
            de la persona que amas.

El silencio indebido
            cuando debía haber aplausos;
            el expectante;
            el del que no tiene nada que decir
            y por eso está callado;
            el del ignorante
            que no sabe la respuesta.

El silencio impuesto
            y lleno de rabia;
            el de las palabras nunca dichas;
            el del secreto inconfesable.

El silencio de la noche
            y el de una mañana de domingo;
            el de los lugares sagrados;
            el del fondo de los mares
            y el del alto de la montaña.

El silencio fúnebre del luto
            y el silencio bajo tierra de los muertos;
            el del lecho del enfermo;
            el que se sucede
            tras los gritos de la tragedia.

El silencio atávico del miedo,
el silencio del que padece en silencio,
el silencio de estar solo,
el silencio profundo de la meditación,
el del asceta, que rodea su silencio
de más silencio…

El silencio del que interioriza
 las palabras de estos versos…

  

martes, 23 de octubre de 2018

Todo y nada



Soy todo: el aire
que respiro, la tierra
que seré, el mundo entero,
que no existe sin mi conciencia;
soy la vida

y no soy nada, nadie,
una presencia sin antes ni después,
una luz que no brilla
más que para entretener a las tinieblas,
el sueño de alguien
que sueña sin saber si existe.
  

martes, 16 de octubre de 2018

Enamorado



Siniestro delirio amar a una sombra.
Alejandra Pizarnik.

No podré esta tarde quedar contigo
porque ya nunca podré quedar con nadie.
Si me buscan, diles que me estoy yendo,
enamorado, al encuentro de una sombra.
Y si olvido los recuerdos mientras
voy bajando los párpados, sintiendo
que ya está, que el afán va cesando
y el dolor dejando de doler, ¡que me digan
que no es vida este dejarse morir…!
Con los ojos sin luz, la oscuridad me mira
comprendiendo que ahora soy invulnerable.
  

martes, 9 de octubre de 2018

Cerca de Dios



A mi amiga María Mayorga

Una mano cautiva, la tuya, se desprende,
arrancándose del curso de los acontecimientos,
y te lleva al bosque a pasear.
Es hermoso caminar sin lugar al que querer llegar,
mientras sientes cómo el aire fresco y puro
va abriendo tu mente, devolviéndote tu nombre
y tu voz, tan llena de poemas.
Oyes, al tiempo, el compás que dicta,
latiendo apasionado, tu propio corazón,
que parece saber que nunca se está más cerca de Dios
como cuando se respira en plena Naturaleza.
 
 

martes, 2 de octubre de 2018

Poema inacabado



William Blake fue capaz,
desplegando su ser hacia otro orden,
más allá de la razón,
a través de la luz mística de la poesía,
de vislumbrar el mundo entero
en una flor. Y es que cualquier cosa
es sólo una cosa, pero también,
y sobre todo, mucho más,
un absoluto inmanente que concentra
lo uno y lo múltiple, el centro y las periferias,
igual que los océanos son en realidad
un solo y universal océano,
conectado por sus corrientes marinas.
Hay una pasarela, un flujo interminable,
un diálogo constante entre la infinitud
y nuestro yo finito, entre nuestra conciencia interior
y la conciencia de ese dios indiscernible de la Naturaleza.
“Pasan vientos como pájaros,
pájaros igual que flores,
flores soles y lunas, lunas soles como yo,
como almas, como cuerpos,
cuerpos como la muerte y la resurrección;
como dioses”, escribe Juan Ramón Jiménez.
Hay un milagro sucesivo, una eternidad
siempre viva que hace habitar a cada instante
en su cenit, convirtiendo el pasado
- aparentemente inmóvil -, y el futuro
- aún inexistente -, en un luminoso presente
inconcluso, como el poema que lo escribe
y que, al hacerlo, no cesa de estar todavía
y para siempre inacabado.
 
 

martes, 25 de septiembre de 2018

Desvanecerse



Igual que hablar es no ser entendido,
así que mejor callar,
¿para qué huir hacia qué lugar inexistente,
dibujando la tortuosa ruta de un calvario?
Mejor, para no dejar rastro, no moverse,
desaparecer por el paradójico sistema
de quedarse quieto, como un caracol
que se refugia en el silencio de su concha.
Igual que hablar es no ser entendido,
mejor callar en la escritura,
borrarse en la tinta de las palabras,
desvanecerse en el poema.
  

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Sinrazón



Ahí vamos, dando vueltas por el planeta:
vidas evanescentes que se cruzan con la nuestra
por puro azar y luego se marchan
a saber dónde. A veces se quedan
con nosotros un tiempo que no dura,
compartiendo noches de cielo perfecto
en que las estrellas son impertinentes
en la manera en que insinúan nuestra insignificancia,
la inanidad que somos. Pero,
¿acaso no son ellas mismas fugaces, no deambulan,
como nosotros, bajo el mismo magisterio de sinsentido
por los confines del universo sin fin?
 
 

martes, 11 de septiembre de 2018

Soñábamos



En realidad, nunca estuvimos como nunca,
aunque todo era tan ligero que parecía sólido.
Pero quizás, porque nos divertíamos demasiado,
no nos divertíamos tanto como pensábamos.
Queríamos ser felices a toda costa,
a veces incluso a costa de nuestra felicidad.
Corríamos como pretendiendo anticiparnos
al tiempo que iba a echársenos encima,
mas sin llegar a ningún lado, atrapados
en el deseo imposible de aquello que se escapaba.
Soñábamos, eso era todo.
  

martes, 4 de septiembre de 2018

El mundo después de su fin



A mi amiga Silvia.

Al principio basta con comenzar,
luego ya las cosas se complican.
Los pájaros se marchan, las calles
por las que paseabas se niegan a reconocerte,
nada te reclama, ningún destino
al que someterte. La tierra,
como si la vida fuera un sueño que no te perteneciera,
parece haber ido tragando tus pies,
tus rodillas, hasta el tronco;
y te agarras precisamente a eso, a la caída.
Y cuando dabas por hecho que serías engullido
totalmente, el hundimiento se detiene;
entonces compruebas, no sabes si feliz o desgraciado,
o feliz y desgraciado, que aún vives,
que todavía puedes ver, oler, oír, sentir,
como si el fin del mundo hubiese ocurrido
y luego el mundo hubiera continuado,
y tú con él, igual que un enfermo
que agoniza y agoniza, incapaz de morir.
  

lunes, 27 de agosto de 2018

Pájaros en mi cabeza



Creo que parte de mi amor a la vida
se lo debo a mi amor a los libros.
Adolfo Bioy casares.

Me gusta salir a pasear y, sobre todo,
salir a pasear por calles que no conozco,
como si fuera un extranjero en mi propia ciudad.
Me gusta salir a pasear por calles desconocidas
y, completamente perdido, encontrar
de repente, a la vuelta de cualquier esquina
de cualquier calle vieja del centro,
una librería igual de vieja que su calle
e, igual que ella, fabulosamente caótica,
llena de volúmenes antiguos, de libros de segunda mano
desparramados por todas partes:
por las estanterías, por el suelo,
agrupados muchos de ellos unos sobre otros
como torres de Pisa a punto de derrumbarse.
Me gusta pasear entre libros y, sobre todo,
entre libros que no conozco,
como si fuera un explorador en una jungla literaria.
Me gusta pasear entre libros desconocidos
y, completamente perdido, encontrar
de repente, a la vuelta de una pila de ellos,
un ejemplar que llama mi atención, por puro instinto,
entre aquella espesura de libros olvidados.
Entonces, regreso a casa contento,
anhelante por la expectativa.
Allí me acomodo en el silencio
que, poco a poco, se va llenando de palabras,
de bandadas de palabras como pájaros en mi cabeza.
 
 

viernes, 17 de agosto de 2018

Pase lo que pase, todo pasa



Quien ha vivido sabe que existe la tormenta,
que las tempestades aguardan
allá a lo lejos, tan cerca...
Somos felices peligrosamente:
la calma, como paraíso, también acaba,
porque no es tanto un lugar como una franja de tiempo.
Por eso, un día cambia de repente la luz
y el viento trae la sombra de nubes espesas.
En un instante, todo se oscurece
de esa forma incomprensible como nos sorprende
lo inevitable y ya sabido.
Quien ha vivido conoce, sin embargo,
que la tormenta es transitoria, perecedera,
y que el sol termina por colarse entre las grietas de la lluvia
igual que flor entre unas ruinas;
luego se hace tan grande que parece de nuevo jardín,
otra vez paraíso precario, amenazado.
Quien ha vivido sabe que es así
como se fraguan los días: esperando
que pase lo que tiene que pasar
y luego pasa, sin quedarse.

sábado, 11 de agosto de 2018

Porque nada termina



Poema en memoria de mi abuelo Miguel,
con la colaboración de mi padre Virgilio.

Ser joven otra vez, ¿te imaginas, abuelo?
Vivir la vida de nuevo, volver a nacer
del amor de Mariano y Andrea
en aquel pequeño pueblo de Palencia:
Itero Seco. Ha llovido mucho
desde aquel 5 de julio de 1918;
apenas un suspiro, me dirás tú.
Haz un último esfuerzo en la memoria:
¿te recuerdas corriendo en la niñez
por los campos de Castrillo de Villavega?
Qué lejos ha quedado aquel tiempo
que no fue todo solaz y alegría,
pues a los 12 años ya viste fallecer a tu padre.
Con qué resolución e impiedad se han derramado las horas,
por mucho que parezca ayer
cuando te llevaron a la guerra;
una contienda que se llevó a uno de tus hermanos.
Tomaste parte en diversos frentes
y recorriste tantos lugares en ella…:
en Asturias, Villaviciosa y Cangas de Onís;
en Vizcaya, Orduña; en Aragón, Jaca;
Tremp, Sort y Gerri de la Sal en Cataluña.
¡Hasta dormiste en la nieve!
Saliste, pese a todo, indemne;
además, con dos medallas al mérito y al valor.
Pero tú no fuiste un héroe de guerra,
sino un adalid de la paz, del amor a tu esposa:
Catalina, que engendró en Villameriel, su pueblo,
a vuestros dos hijos, frutos de vuestra unión.
Quisiste siempre lo mejor para ellos,
regalándoles la riqueza incontable del cariño de un padre.
Sufragaste, incluso, su vida con la tuya,
inasequible al desaliento, buscando empleo
donde hiciera falta: en Villadiezma (todavía en Palencia),
Muriedas de Camargo (Cantabria) y recalando en Madrid,
ciudad que te ha visto morir.
Siempre pobre, con más penas que alegrías,
con estrechez, con una vida dura y difícil,
te ganaste el pan con diversos oficios:
obrero del campo, peón caminero, plantador de pinos,
obrero de fábrica, portero de finca u operario en un almacén de loza.
Tanto esfuerzo, tanto sacrificio, tanto desinterés por lo propio
y la siempre disposición hacia lo ajeno…
Formaste parte, por pura iniciativa, del grupo de los últimos,
de los del final de toda lista y con la modestia
más verdadera, por inherente a tu bella persona.
Sencillo, amable, familiar, trabajador, esposo fiel
y amante de tus hijos, guardaste devoción por San José Obrero,
tu modelo y patrón, bajo cuyo amparo afrontaste
las adversidades y contratiempos con serenidad y resignación.
Tu único vicio fue siempre estar presto a cualquier ayuda,
humilde y servicial; y eso sí, el tabaco
hasta los cuarenta y tantos años, ¿recuerdas?
Ahora que en tus venas ha bebido la muerte,
poco a poco, todo este acontecer desordenado de tu vida
va adquiriendo la rara consistencia indestructible
del sueño o la leyenda. Porque es preciso que todo
en apariencia acabe para que al fin comience.
Nada, abuelo, nada, se extingue con tu muerte.
Tras esa puerta oscura que atraviesas continúa el camino,
ya sin dudas ni riesgos, ya sin temores ni asechanzas.
Y aquí, donde el aire sigue moviendo los árboles
y continúa la vida terrena, los que te hemos querido
- en especial tu hijo Virgilio, que te amó más que nadie en el mundo –
guardaremos tus palabras y custodiaremos tus huellas,
alumbrados por tu luz, que ha de seguir,
porque nada termina, por siempre muy viva, pura y verdadera.