martes, 16 de enero de 2018

La luz del corazón


A veces, llevados de aquí para allá
por la rutina y su grisura,
les cuesta a nuestros ojos advertir la luz
que habita en cualquier parte, en cualquier detalle,
porque vive en nuestro ser.
Hace falta, en verdad, muy poco
para que nuestras manos alcancen el milagro.
De hecho, la alegría más fugaz
es eterna al entender que su fulgor
nos transforma por entero,
de tal manera que ya no somos aquél que éramos
antes de contemplarlo.
Libres, encadenados a una pequeña dicha,
la luz del corazón no se acaba, no conoce la muerte:
puede encenderse siempre y dondequiera que estemos,
convirtiendo el mundo en el oro más puro.
Sólo hay que saber mirar,
buscarla en nuestro interior con esperanza
y, mientras seamos, con nosotros vivirá. 


martes, 2 de enero de 2018

Un poco de sed


A pesar de todos los pesares, que cada vez pesan más,
los necesitamos.
¿Quién no ha sentido alguna vez, por un padecimiento,
un confuso bienestar?
Hay sufrimientos muy sanos
y que sazonan el a veces rancio bocado de la vida.
Dicho de otra manera: para apreciar el agua
se precisa un poco de sed.
Además, cuando nos duele algo
ya no nos molestan otras cosas.
Todo es perfecto si va mal,
aunque sólo sea porque podría ir peor.
No hay nada como esas pequeñas desdichas
que son como boyas:
nos mantienen a flote, con vida.
Y es que vivir sin dolor
es lo más parecido a estar muerto.