martes, 20 de febrero de 2018

Ciudades



Es como si cada uno de nosotros
fuera una ciudad que nunca acaba.
En ella existen fastuosos palacios,
pero también casas en ruinas,
lugares sagrados a veces cerca de prostíbulos,
zonas verdes y frío asfalto,
edificios de oficinas y lugares de ocio y descanso.
Por supuesto, mucha gente ha estado en ella,
pero algunos sólo estuvieron como turistas,
de paso. Otros, en cambio,
se mueven con soltura en ciertos barrios,
por sus bares, sus comercios, sus aceras.
No obstante, también hay calles
que ninguna persona ha transitado.
Nadie podría hacerse una idea fiel
de todo lo que una ciudad esconde:
se necesitaría toda una vida y sería insuficiente.
Ni siquiera el amo de la ciudad
la conoce por completo. Siempre quedan
rincones, pasadizos, callejones ignorados.
Da cierto miedo sentirse, en ocasiones, un extranjero
en tu propia ciudad; pero también alegría
de poder seguir descubriéndola, ilimitada, infinita. 



martes, 13 de febrero de 2018

Una nada


Desde lo que no éramos,
logramos ser algo
que no deja de ser nada.
La sombra necesita de la luz
para ser oscura,
y ése es todo el enigma que nos viste:
no somos un misterio,
somos seres sin secreto
como cristales sin mácula,
radicalmente intrascendentes,
una nada moldeada
para afirmarse en su inexistencia.



martes, 6 de febrero de 2018

Sin destino conocido



De un tiempo a esta parte se ha vuelto muy difícil la vida.
Todo es tan disparatado que nada es del todo creíble
y, a la vez, se puede creer en lo increíble.
Tantas cosas que desafían el entendimiento…
Ni siquiera puede uno fiarse de lo que ven sus propios ojos,
ya que muy poco es lo que aparenta ser.
Así que lo normal es apartar la vista.
En ocasiones es el propio cansancio de resistir el caos
el que te cierra los párpados.
En estas condiciones, es fácil sentirse desconcertado.
Incluso las palabras, herméticas,
parecen codiciar la incomunicación,
y no hay respuesta a ninguna pregunta
que no se incline por acogerse a su derecho de guardar silencio.
Sin saber cómo actuar, resulta imposible pensar.
Es frecuente, por eso, confundir un sueño
con un recuerdo o un elemento real.
Todo punto de apoyo desaparece
como volutas de humo difuminándose en el aire.
La anarquía se adueña del propio cuerpo:
pasas de la excitación al letargo, del empeño a la corrosión.
Y lo terrible no es asimilar que hubo otra vida
que ha dejado de existir,
sino aceptar esta otra que ha venido en su lugar:
una vida sin retorno y sin destino conocido.