martes, 13 de noviembre de 2018

Destino sin condena



Leña seca para quemar, caballo viejo para cabalgar,
vino añejo para beber, amigos ancianos para conversar
y libros antiguos para leer. Alfonso V de Aragón.

Un calendario de no sé qué año
cuelga de estas paredes antiguas.
No importa no saberlo:
el tiempo, que antecede y ha de continuar
tras el fin del hombre, no nos pertenece.
Su fluir es irreparable; pero,
por irreparable, no angustioso,
un suceder no trágico de la tragedia.
Dejar de temerlo es comenzar a gozar la libertad.
A mí nadie me enseñó a hacerlo,
a esperar sin esperar a la vez nada;
de pronto, supe. Supe ser olvido de mí,
ser como si no fuera, como si no fuera
más que voluntad de disolución,
de pertenencia al mundo, de arraigo en nada.
Me empequeñezco y es placentero
sentir la merma de mi equipaje vital.
Es en la desnudez donde se refugia
nuestro latido más íntimo, todo un canto
alegórico de lo universal: ser destino
y no ser el destino una condena.
   

martes, 6 de noviembre de 2018

La cama como forma de vida



 El pensamiento es eterno, como el alma, 
y la acción es mortal, como el cuerpo.
Gustave Flaubert.

Hay días en los que a la vida sólo le pedirías
aburrirte un poco, nada más.
Ni siquiera ser feliz. Sólo un aburrimiento
que te resarza de las constantes y peligrosas novedades,
del ir de aquí para allá
como buscando el sentido de la existencia
en el espejismo de hacer cosas,
sin tiempo para pensarla y trascenderla.
¿Y dónde mejor que desde el colchón de la cama?
Juan Carlos Onetti, del que su viuda
llegó a decir que “estaba más vivo en ella
que mucha gente de pie y a pie”,
ya nos advertía que fuera de nosotros no hay nada.
Por eso él decidió quedarse a vivir en su cama,
haciendo del aburrimiento una gran fiesta.