martes, 11 de diciembre de 2018

Escribiendo



Sólo escribo. Parece poco,
pero quizá es un proyecto revolucionario:
escribir sin finalidad,
sólo por el placer de escribir,
por el gusto de aprender a escribir
sin pretender conseguirlo nunca,
porque nunca se termina de aprender a escribir
tal y como nunca se termina de aprender a vivir:
se vive, y ya está; se vive sin objeto,
sólo por el placer de vivir,
por el gusto de aprender a vivir.
Por ejemplo, escribiendo…
 
 

lunes, 3 de diciembre de 2018

La vida en tu mirada



Pocas cosas
me hacen tan feliz
como mirarte
y verte sonreír.
Pocas cosas
me entristecen tanto
como mirarte
y verte llorar.
Todas las ganas de vivir
y el desamparo de hacerlo
asoman a tus ojos,
que me miran,
interrogándome,
preguntándome por qué
la vida es así.
 
 

martes, 27 de noviembre de 2018

Sombras en la pared



Cuando todo merodeaba por delante
y el futuro aún estaba en el horizonte,
yo ya recordaba algunas cosas
que nunca me sucederían,
aquellas pasiones que sólo existían en mi deseo.
Fui llenando los días de espejismos
como sombras chinescas
que ahora la tarde proyecta en la pared
mientras mi vida se acaba
sin ninguna sorpresa, ni siquiera tragedia,
en un apocalipsis silencioso e invisible.
 
 

martes, 20 de noviembre de 2018

Mirar el mar



Tiempo inmóvil en el interior de mis ojos,
que en el azul detienen el mundo
mientras mi mano escribe el poema.
Muchas otras veces miré el mar,
pero sin entenderlo demasiado,
quizás porque exigía una atención
de la que yo no era capaz en aquel momento.
No lo miré como debía, pero
siguió conmigo como una promesa seductora
que me faltaba aprender a leer.
Ahora recorro su superficie
buceando en sus profundidades,
porque todo en él permanece oculto,
como el significado verdadero de un verdadero poema
que es posible adivinar o intuir
sin lograr nunca una certeza:
en su simplicidad misteriosa se cifra, quizás,
el misterio del universo entero.
 

 

martes, 13 de noviembre de 2018

Destino sin condena



Leña seca para quemar, caballo viejo para cabalgar,
vino añejo para beber, amigos ancianos para conversar
y libros antiguos para leer. Alfonso V de Aragón.

Un calendario de no sé qué año
cuelga de estas paredes antiguas.
No importa no saberlo:
el tiempo, que antecede y ha de continuar
tras el fin del hombre, no nos pertenece.
Su fluir es irreparable; pero,
por irreparable, no angustioso,
un suceder no trágico de la tragedia.
Dejar de temerlo es comenzar a gozar la libertad.
A mí nadie me enseñó a hacerlo,
a esperar sin esperar a la vez nada;
de pronto, supe. Supe ser olvido de mí,
ser como si no fuera, como si no fuera
más que voluntad de disolución,
de pertenencia al mundo, de arraigo en nada.
Me empequeñezco y es placentero
sentir la merma de mi equipaje vital.
Es en la desnudez donde se refugia
nuestro latido más íntimo, todo un canto
alegórico de lo universal: ser destino
y no ser el destino una condena.
   

martes, 6 de noviembre de 2018

La cama como forma de vida



 El pensamiento es eterno, como el alma, 
y la acción es mortal, como el cuerpo.
Gustave Flaubert.

Hay días en los que a la vida sólo le pedirías
aburrirte un poco, nada más.
Ni siquiera ser feliz. Sólo un aburrimiento
que te resarza de las constantes y peligrosas novedades,
del ir de aquí para allá
como buscando el sentido de la existencia
en el espejismo de hacer cosas,
sin tiempo para pensarla y trascenderla.
¿Y dónde mejor que desde el colchón de la cama?
Juan Carlos Onetti, del que su viuda
llegó a decir que “estaba más vivo en ella
que mucha gente de pie y a pie”,
ya nos advertía que fuera de nosotros no hay nada.
Por eso él decidió quedarse a vivir en su cama,
haciendo del aburrimiento una gran fiesta.



domingo, 28 de octubre de 2018

Silencios



El silencio del que sabe la verdad
            pero prefiere no enunciarla;
            el del que escucha
            para mejor decir después;
            el del que calla
            por mucho que por fuera esté hablando,
            porque calla para sí.

El silencio de los enamorados,
            que utilizan las palabras de la mirada,
            de las manos, de la sonrisa;
            el de un matrimonio consumido
            por los años de rutina;
            el de la ausencia
            de la persona que amas.

El silencio indebido
            cuando debía haber aplausos;
            el expectante;
            el del que no tiene nada que decir
            y por eso está callado;
            el del ignorante
            que no sabe la respuesta.

El silencio impuesto
            y lleno de rabia;
            el de las palabras nunca dichas;
            el del secreto inconfesable.

El silencio de la noche
            y el de una mañana de domingo;
            el de los lugares sagrados;
            el del fondo de los mares
            y el del alto de la montaña.

El silencio fúnebre del luto
            y el silencio bajo tierra de los muertos;
            el del lecho del enfermo;
            el que se sucede
            tras los gritos de la tragedia.

El silencio atávico del miedo,
el silencio del que padece en silencio,
el silencio de estar solo,
el silencio profundo de la meditación,
el del asceta, que rodea su silencio
de más silencio…

El silencio del que interioriza
 las palabras de estos versos…