martes, 17 de julio de 2018

Muralla en ruinas



A veces, una verdad terrible
se oculta tras una verdad menor.
Y es que la vida está compuesta, mayoritariamente,
por espacios de tiempo en que nada sucede
y en que cualquier clase de miedo
no es más que un lejano temor.
Sobre ellos levantamos un baluarte de rutinas
con el fin de defendernos del azar hostil
y de sus sorpresas siniestras.
Nada más lejos de la realidad:
la aparente paz de los tiempos vulgares
guarda, sin que lo percibamos, una espoleta
que amenaza con dinamitarlo todo al más mínimo descuido.
Confiados, precisamente, por la calma falaz,
por la impostora tranquilidad, dejamos un día,
sin darnos cuenta, la puerta abierta,
por la que se cuela la peor de las desgracias
(la fatalidad no necesita más que una rendija
para asomarse a nuestra vida).
De repente, sin poder explicarnos cómo sucedió,
nos vemos contemplando, a nuestro alrededor,
las ruinas de la muralla tras la que nos escondíamos.

 

martes, 10 de julio de 2018

Mi amor



Cuando mi vida era un desierto a atravesar
sin agua y bajo un sol despiadado,
yo soñaba contigo, amor,
como la arena sueña con el oasis.
Porque no todo es espejismo,
el día que nos conocimos,
la aridez de los días desapareció
como si nunca hubiera existido,
como si siempre hubieras existido,
vergel donde encontré mi paz y mi destino:
abrazarte como se abrazan los versos
para componer un poema de amor.

 

martes, 3 de julio de 2018

Lo indecible



Paseas entre las cosas
y su aparente hermética condición de cosas
que callan y te ignoran;
pero, porque eres poeta,
cuentas con la fuerza de los presagios,
intuyendo el camuflaje de lo decisivo,
tan irreal es el mundo verdadero.
Y así, sobre la grisura en vela de la vida,
una llaga de luz rompe el tiempo indestructible
y colma en plenitud de clarividencia.
Porque tiene la fragilidad de las conquistas,
es un soplo eufórico sin duración,
pero con la intensidad de la más profunda belleza,
que tratas de reflejar en unos versos
como si lo indecible pudiera decirse en un poema.



martes, 26 de junio de 2018

Pasión por la locura



Como una antorcha
que acude a la llamada de las tinieblas,
la verdadera razón
nos invita a descubrir la carencia de sus fundamentos.
Llegados a ese punto,
sólo nos queda aferrarnos al absurdo,
celebrar con pasión, lúcidamente trágicos,
la inutilidad absoluta, la inconsistencia universal.
La revelación del sinsentido de la vida
provee de la intensidad con que sólo la locura
es capaz de desenvolverse en ella.
Es la extrema coherencia del absurdo:
únicamente merece la pena vivir
en la medida en que uno entiende que no merece la pena.


martes, 19 de junio de 2018

Está lloviendo desde siempre



Miro y la ventana es un espejo
velado por una lluvia pausada,
serena, sostenida; no hay tormenta.
Cae sobre el mundo, tenaz,
a lo ancho de los siglos,
tiempo quebrado de un reloj sin manecillas,
ancestral, monocorde.
La lluvia de ayer se confunde
con la del mañana en el presente.
Carente de futuro y de memoria,
el poema es un refugio
que no encuentra palabras;
el rumor de la lluvia, silencio
que ahoga la voz y apaga el fuego.
Todo pierde su brillo y su viveza
hasta convertirse en un borroso sueño.

 

martes, 12 de junio de 2018

Angustia



¿Qué extraña cosa es ésta
que comienza en un ángulo del pensamiento
y ya nunca te la puedes quitar de la cabeza?
¿El qué? No sabes. Su certidumbre
se sustenta en la sombra descomunal de lo invisible,
mientras va aumentando un rumor de fondo,
crecientemente ensordecedor,
cuyos tentáculos llegan a cualquier rincón de la mente.
Porque lo desconocido no se limita
a hallarse recluido en su propio reducto,
siempre etéreo, con la desproporción de lo intangible,
extiende su vacío, inoculando
una inquietud sin nombre, un frío
frente al que nada pueden hacer
el fuego de las chimeneas ni el espesor de los abrigos.


miércoles, 6 de junio de 2018

Vivo y muerto



Estás ahí, como ausente, vivo y muerto,
ajeno al bullicio del mundo y sus ridículas costumbres,
a las palabras hueras con que las gentes
todo lo argumentan, como si se pudiera tener razón.
Siguiendo no sabes bien qué raro impulso,
se cruzan en las calles con el desorden de la vitalidad,
como en un relato fantástico superpuesto a la realidad.
No conocen la verdad amarga y lúcida de la desesperanza.
Incluso, ríen; tú también has reído alguna vez,
para reírte de la risa: es la carcajada de la clarividencia,
la felicidad de lo terrible, de saber que cada día
es una puerta de entrada que sale al mismo lugar.
Por eso prefieres dejar pasar las horas,
que te hipnoticen con su mortandad.
Y, acaso, cuando la tarde cae y el sol yace derrotado
en el poniente, sales en busca del naufragio de la luz.