martes, 30 de diciembre de 2014

Recuperé mi culto a la vida



Iba rodando por la fosa abajo de los días…
Desconcertado y atónito, asistía
al vértigo de mi caída, pero un instinto antiguo
me aferró a la roca de saberme vivo.

He tenido que subir distancias
desde la profundidad en que me hallaba, convencido
de que cuanto más bajo es el fondo de lo sufrido
más alto es el sabor dulce de sentirse vivo.

Me alcé como se alza el sol en la mañana, 
héroe sin espadas, sonrisa en ristre, 
rindiendo culto al hecho prodigioso de alentar
en un mundo hecho de sueño y fantasía.

Ya nunca fue cotidiano el día de hoy,
ya siempre estuvo incandescente el momento
y fue fascinante la vida, cautivadora
en su desnudez tan evidente, en su belleza despojada
que escribo en verso
                        y que al hacerlo se hace poesía.

domingo, 21 de diciembre de 2014

La espiral del absurdo



Eternos inexpertos de estar vivos, perpetuos aprendices
de un quehacer maquiavélico: vivir ignorando
que sabemos que ignoramos el sentido ninguno de la vida;
juego de palabras que no es ningún juego.
Juego es, precisamente, la vida, que fascina
por su ausencia de razones, que nos colma de vacío.

Sencillo mundo incomprensible, universo anónimo,
espiral del absurdo de todas las cosas; precipicio
de filósofos, metafísicos y otros exploradores del abismo;
irrealidad tan palpable, realidades insólitas de la realidad; 
substancia hecha de sueños, hecha de nada; 
poesía delirante, mundo:
¡si gritas tus versos, nadie los puede entender!

sábado, 6 de diciembre de 2014

Sólo éramos nosotros



Demorábamos nuestros pasos
para hacer el tiempo algo más largo,
caminando de la mano, ajenos 
a lo ajeno, que era todo, 
porque sólo éramos nosotros 
(alrededor, el mundo, no existía).

Luego fue mirarnos en la intimidad
de estar solos, 
cortar yo un amago de su voz,
centinela del encanto del silencio;
índice y corazón de mis dedos en sus labios,
mientras la luz de las farolas
inyectaba penumbra
en la intimidad de la habitación.

Ella ya desnuda a mis ojos
a pesar de estar vestida, 
ávido de que el amor
tomara pronto la forma de los cuerpos,
tan encendidos con el fulgor del deseo.
Y entonces, ráfaga de sensaciones
que comienzan en sus manos; las mías,
que acarician su rostro, surcan su pelo,
la desvisten y la desvisten de pudor,
un poco torpes de lo excitadas.

El resto de la historia es conocida
para los que alguna vez amaron, 
alargando la noche hasta el alba, 
durmiéndose arropados
con las mantas de lo sentido.