sábado, 25 de abril de 2015

Adquiere el libro La Espiral del absurdo

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La espiral del absurdo
Ediciones Endymion, 2015



Aquí os dejo una muestra de algunos de los poemas que contiene el libro.


DESPUÉS HABRÁ LA NOCHE

Al regresar a casa, escuchar el rumor
de la luz en fuga
y de las voces suspendidas en el aire,
mansedumbre jubilosa de la vida cotidiana.
Participar en soledad del bullicio de las calles llenas
a sabiendas de que después habrá la noche
y descenderá el misterio.
Extrañas siluetas cruzarán el escenario de sombras
con el sigilo de un gato
y yo me iré sintiendo cada vez más solo.
Pensaré en personas ya olvidadas
y recordaré momentos
casi alumbrados por farolas de gas.
Acabaré bebiendo
para no entrar en las sábanas frías
y la luz de mi habitación será un faro
al que alguien igual de solo
levantará los ojos para guiarse en la noche.


FONDO DE VIDA DIFUMINADO

Soy, más que todo aquello que he sido,
todo aquello que no he sido.
Soy, también, pensamientos que no tengo,
emociones que me faltan.

Echo raíces en terrenos yermos,
a sabiendas de que allí nada crece.
Porque mi vida consiste en ver
cómo se me escapa la vida,
puñado de arena entre las manos.

Manera tímida de vivir, ésta:
pensar la vida, soñar la vida,
querer vivirla
                  pero sólo de noche,
al soñar asomado a la ventana.
De día sólo quiero que llegue la noche
para querer vivir la vida
al soñar asomado a la ventana.

Nostalgia de todo lo no vivido,
nostalgia de todo lo que no viviré.
Las cosas apenas son
                 y ya han desaparecido.
Tantas caras, tantos lugares,
fugaces, apenas entrevistos…
Cada día es una vieja estación abandonada
en la que el tren no para, tan sólo estas líneas
que escribo y que se van desvaneciendo:
retazos, jirones de ideas apenas evocadas,
palabras escritas
sobre un fondo de vida difuminado.


MIRADA SIN RESIDUOS

Como si el tiempo siempre hubiera de renacer,
ayer dejé marchar el día contemplándolo,
desaprovechándolo para mejor aprovechar la vida.
Y es que aprender a ver al mirar requiere
que los años sepulten la impaciencia de la juventud.

Deslumbraba en limpidez la luz del sol
tendido en la mañana, navegando hacia su cumbre.
El viento hacía temblar los ramajes
de las palmeras y deshilachadas olas
corrían en desorden por el azul del mar invicto.

Esto era todo y era imposible necesitar más.
Qué extraña toda aquella desaforada belleza,
porción tan exigua del milagro.
El misterio de su grandeza era
que no había misterio, que su significado
era literal y que todo está siempre en su sitio,
con su luz exacta, en su orden preciso.
Sólo hay que saber ver
a las cosas mismas, sin residuos en la mirada.


HOMBRE TOMANDO NOTAS

Salgo a pasear en la noche húmeda
tras la lluvia. Que hay luna lo sé
sin alzar la vista, porque hay luna
en los charcos: en cada charco una luna.

Camino pensando en cómo las calles
tan familiares de día son tan extrañas
de noche. Tras la cristalera de un bar
veo a un hombre tomando notas,
quién sabe si acerca de un hombre
que pasea por calles mojadas…

Y yo sonrío al pensar que siempre
habrá alguien con cuaderno y bolígrafo,
sentado en el velador de un café,
mirando anónimo y distraído,
a través del cristal, cómo pasa la vida
por las calles de cualquier ciudad.


viernes, 24 de abril de 2015

El verbo del vacío



Cuando sea el silencio el que perturbe al sonido,
entonces, sólo entonces,
habremos de saber
                         y de quedar atrapados
entre los pliegues de su mutismo.

Atrincherados siempre tras nuestras palabras,
llevamos siglos sin escuchar el silencio,
a pesar de que algunas voces ya nos advertían
de que la verdad sólo habita en él,
que no dice nada y lo dice todo.

Saldrá puro, pleno, el sol que deja ciego.
¿Y qué será de nosotros? Las horas
nos irán enseñando el verbo del vacío;
claudicará la razón, abrumada
por la vastedad de lo ignorado,
y no encontraremos grietas en el desaliento:
todo esfuerzo será baldío.

¿Cómo explicaremos lo inexplicable?
¿Qué responderemos a las preguntas sin respuesta?
¿Acaso podrá haber consuelo
en el solo asidero del humo que es la fe,
en la insensatez de su incertidumbre?

Ni siquiera esta voz que os habla
(la voz menos necia de entre mis voces),
consciente de todo esto,
no podrá evitar, aun así,
la sorpresa inevitable del dolor.

viernes, 3 de abril de 2015

Palabras



                           Los límites de mi lenguaje
                           son los límites de mi mundo. 
                           Ludwig Wittgenstein.

El amor no existiría sin su palabra,
ni la belleza. Sin el lenguaje
nadie sabría pensar, ni soñar siquiera.
Un hombre sin palabras
sería un cuerpo sin su sangre,
un viento sin su fuerza.
El mundo existe y suena
dentro de las palabras,
que lo encarnan y lo sustentan
rasgando la seda del silencio
con sus latidos.