viernes, 3 de julio de 2015

Pasión



Respetamos el juego de las insinuaciones,
de decirlo todo con la mirada,
de los roces premeditados y las caricias inevitables,
que luego se vuelven violentas, aunque inocuas,
cuando la pasión rasga la tela que nos separa
y entre nuestros rostros sólo se interpone ya
el deseo tácito que nos une.

Me postré ante el altar de tu cuerpo,
recorriendo con mis manos ensimismadas
el terciopelo tibio de tu piel.
Fuimos confundiendo besos con susurros,
entrando en el calor de nuestras bocas,
emboscándonos ambos
en nuestros respectivos secretos
por el pasillo que conducía hacia el placer.

La atracción húmeda y ardiente 
de nuestros sexos excitados
nos unió hasta hacernos latir
uno dentro del otro, sublimándonos 
con los jadeos que nos encadenaban.