lunes, 18 de septiembre de 2017

Aunque muerto, vivo aún



Que mi abuelo esté vivo,
bien pensado,
es una cosa de locos.
Agitar el corazón
todos los días,
casi cien veces por minuto,
durante 99 años,
es haber vivido
muchas veces mucho.
Le miro y ahí le veo,
cada vez más impreciso y vacilante,
al borde de un precipicio
con vistas sólo a la muerte,
aparcado en una residencia
como un objeto roto
en el desván de lo inservible.
Se va marchando
con ademanes de animal muy viejo y cansado;
mas vivo aún,
pues su corazón sigue latiendo
como un pájaro agonizante
en la mano de Dios. 

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